• Sheila Rojas

Cuando el amor duele: Cómo reconocer una relación violenta


Insultos, humillaciones, forcejeos… una serie de manifestaciones violentas que han sido normalizadas por una cultura que rinde tributo al dios de la guerra. Desde niños hemos crecido aprendiendo que una nalgada es una forma de corregirnos, que si nos pegan, es porque nos “quieren”. Así, seguimos creciendo creyendo que debemos permitir tantas cosas en nombre del amor. 

Cuantas veces no hemos escuchado la frase: “Si no te cela, no te ama”, sin tomar en cuenta que los celos patológicos, o celotipia, es una enfermedad y promueve la violencia en sus diferentes formas, desde las más leves que hasta pasan desapercibidas, hasta las más graves y siniestras. El más inocente “Pídele permiso a tu marido/esposa” es la prueba de que hemos hecho nuestra la idea de que cuando tienes a alguien como pareja, tu mundo debe girar en torno a él/ella y éste se vuelve el completo dueño de tu vida y tus decisiones.


Pero, contrario a lo que se cree, esto no sucede sólo a mujeres o personas casadas, pues la violencia no distingue entre géneros, edades, estado civil, nivel socioeconómico, etc. En ocasiones esto se viene gestando desde el noviazgo incluso a edades tempranas, y aunque la cruda realidad sea triste, no hay nadie más que pueda hacer algo al respecto más que tú mismo.  Por esta razón, si sospechas que tu pareja (ya sea si estás en un noviazgo o en matrimonio) comienza a ser tóxica para ti, aquí te doy algunas pautas para que puedas reconocer si estás en una relación violenta y detenerla a tiempo:


- Necesidad de querer controlar o dejarse controlar por la pareja.

- Aislamiento de amigos y familiares.

- Prohibición o control sobre tu forma de ser, vestir, tus amistades u otras cosas. 

- Chantaje emocional o amenazas.     

- Agresiones verbales o físicas que van desde leves hasta intensas y que van incrementando con el tiempo.     

- Ataques personales hacia tu persona o tu autoestima, por ejemplo: “Sin mí no eres nadie”, “No vales nada”.      

- Exige conocer tus contraseñas de redes sociales o de cuentas bancarias.      

- Revisa constantemente tu celular, mensajes y llamadas.

- Daña tus pertenencias de forma consiente.      

- Te obliga a hacer o dejar de hacer cosas que tú no quieres o con las que no te sientes cómoda.


Si te identificas con varias de estas situaciones es momento de acudir a buscar atención profesional que te pueda ayudar a aprender a amar de una manera sana y libre. Te voy a ser cien por ciento sincera, es muy probable que si comienzas a poner un alto a estas manifestaciones de violencia y si tu pareja es una persona por de más agresiva, vaya a terminar dejándote por que no le permites manipularte y controlarte, pero bien dicen “Mejor solo (a) que mal acompañado (a)”. ¡Cuánto más temprano lo detectes, más fácilmente podrás salir de ella”! En sus fases iniciales es más probable que puedas hacer algo que cuando la violencia ya llega a sus niveles más altos y ya te encuentras totalmente victimizado (a) por tu pareja, pues tendrás miedo de hacer cualquier cosa. ¡No pases por alto cualquiera de las manifestaciones anteriores y haz algo al respecto de forma inmediata!

Por otra parte, tal vez él/ella simplemente no está siendo consciente de que lo que hace es una agresión, pues como mencioné anteriormente, es algo que llevamos en la sangre por el simple hecho de haber nacido en esta cultura, por lo que tal vez encaminarás tu relación hacia una dinámica de pareja más sana.


Ahora que si ya reconoces algunas de las manifestaciones más graves en tu relación, no lo pienses más y sal huyendo de ella, pues tu vida corre peligro. Mi recomendación más importante para estas personas es: ¡Pide ayuda! Es conveniente que hables de lo que te sucede y cómo te sientes con alguien de tu confianza que crees que te pueda entender y ayudar, pues probablemente ahora que te encuentras bien adentro del bache, será difícil que puedas hacerlo tú solo (a) y recuerda que además, el agresor te prefiere por esa razón y en esas condiciones para poder violentarte: Solo (a).


De igual forma, si ya has sido violentado (a) gravemente por tu pareja, siempre puedes hacer algo al respecto. Si has decidido salir de esa relación y dejar de ser víctima, acércate a un especialista que te ayude a hacerlo, la terapia es una de las mejores armas para lograr empoderarte y salir de esa situación.

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