• Sheila Rojas

Heridas de la infancia


¿Alguna vez te has preguntado de dónde vienen todos tus problemas emocionales?, ¿por qué eres de la forma en que eres?, ¿por qué te duelen las cosas que te duelen y no otras? Durante años me hice la misma pregunta una y otra vez, hasta que poco a poco, después de mucho tiempo de introspección y trabajo personal, además de años de psicoterapia, entendí de dónde vienen mis heridas y te quiero regalar un poco de la información que he adquirido a través de mi proceso personal y mi educación profesional. Sigue leyendo y descubre cuáles son las heridas de la infancia que TODOS tenemos. ¿Cuál es la tuya?


Los papás y mamás solamente son eso, no son seres omnipotentes que pueden hacerlo todo, que son perfectos, que tienen todas las respuestas del mundo y que saben cómo ser padres o madres (hasta apenas algunos años empecé a comprenderlo). Contrario a lo que crees y/o te han dicho, tus padres también cometieron muchos errores en tu crianza, quizá sin saberlo, porque no tienen todas las verdades absolutas, a veces no saben lo que están haciendo o lo que causan sus palabras o acciones; simplemente están haciendo su trabajo lo mejor que pueden, que sus recursos personales, creencias y aprendizajes les permiten.


Al descubrir sobre tus heridas emocionales es imposible no sentirte herida, no sentirte enojada, impotente, frustrada, entre otras cosas, pero déjame decirte que estás en todo tu derecho de estarlo por un tiempo; tienes el derecho a estarlo (a pesar de todas las ideas o creencias que te han contado y que has recopilado a lo largo de tu historia), pero si no aprendes a mirar con amor, comprensión y compasión la historia que traes cargando y a honrar la de tus padres, jamás vas a sanar. El camino a resignificar lo que has vivido a lo largo de tu vida es largo, duro, incómodo y no es para cualquiera, pero puedes empezar por reconocer tus heridas y decidir si quieres seguir avanzando o hasta ahí te quedas, porque tal vez no estés preparada para lo que sigue.


Los conflictos de impronta (como solemos llamarlos en algunas corrientes de la psicología), es decir, del momento en que nacieron, se registran en nuestro cuerpo y nuestra mente en la etapa infantil; es un conflicto que marca nuestra estructura de comportamiento en la vida y queda grabado a nivel inconsciente. Podemos hablar de 5 heridas de la infancia que se producen durante nuestro desarrollo infantil y que a continuación describiré:


Rechazo

Se desarrolla desde la gestación, dentro del vientre materno, a partir de una experiencia de la madre de miedo, frustración, enojo hacia el bebé o hacia el embarazo. La experiencia del feto es de rechazo, de no sentirse bienvenido o con un lugar en el mundo, no sentirse esperado.


Durante su desarrollo ya fuera del vientre, se pueden observar características de retraimiento, de una personalidad introvertida, indiferencia, actitud de rechazo o desinterés hacia los demás. Si tú eres una persona que siente un miedo desproporcionado al rechazo, evita por todos los medios este tipo de situaciones tanto que quizá no intentas muchas cosas que pueden llegar a ser beneficiosas para tí, o bien, sientes que no encajas en algún lugar y el sentimiento de rechazo es una constante en tu vida, quizá tengas esta herida.


Abandono

Se desarrolla durante los primeros dos años de vida fuera del vientre. Se forma a partir de que se dejan de atender de una manera periódica y por periodos prolongados las necesidades del bebé. La experiencia que se vive es de desconfianza en el mundo y se experimenta que no hay suficiente de lo que necesita, pero a la vez, a consecuencia de esto, se genera una actitud de independencia o de “generosidad” disfrazada, pues en el fondo se espera recibir.


Si tienes una historia con el abandono tal vez esta sea tu herida, puedes estar experimentando una sensación de abandono al terminar una relación de pareja, tal vez te puedas encontrar con experiencias constantes en las que tú lo das todo, pero aun así sientes que no hay nada para tí, que nunca te retorna lo que das y te quedas vacía; puedes desarrollar una desconfianza hacia los demás que aparentemente te protege de sentirte abandonada y puede también estar relacionada con una creencia de no merecer las cosas buenas que te pasan.


Sometimiento

Se forma desde los 2 hasta los 12 años, cuando se impone la voluntad del adulto sobre la del niño a través del chantaje o una actitud amorosa y dulce. La experiencia del niño es que su voluntad no tiene un lugar y se ve sometido. Se genera una actitud aguantadora y obediente, con la que pierde su autonomía.


Si identificas que en tu vida has tenido ciertas dificultades con figuras de autoridad, como jefes, líderes, maestros, padres, etc., tal vez hayas vivido en tu infancia experiencias de sometimiento sin darte cuenta. Es muy claro porque, por lo general, hay un sentimiento de miedo, incomodidad evitación ante este tipo de figuras que tienen características muy particulares y que suelen ser autoritarias, aunque irónicamente siempre terminas por toparte este tipo de personas en tu camino. Puede que te cueste trabajo levantar la voz cuando algo no te parece, establecer límites o negarte a algo que no quieres. También puede costarte trabajo desempeñar un rol de liderazgo, al no saber cómo hacerlo de una manera sana y equilibrada.


Humillación

Se produce de los 3 hasta los 10 años, cuando los sentimientos del niño son invalidados a través de la agresión, violencia, burlas, ironía o sarcasmo. Esta herida también se da cuando los padres tienen conflictos e involucran al niño, generando la experiencia de que no tiene apoyo de quienes necesita y, por el contrario, tiene que apoyarlos o dirigirlos. La experiencia del niño es de humillación por sentir anulados o ridiculizados sus sentimientos.


Así mismo, el niño crece generando un falso yo, adopta una actitud y personalidad basada en el poder y la prepotencia, humillando a otros debido a lo que siente que es bien visto por sus padres. Por ello, puede que te cueste trabajo aceptarlo, además de que esto que voy a decirte a continuación te va a doler pero es verdad, y es que tal vez estés teniendo una actitud igual a la de tus padres a la hora de educarte si te identificas con esta herida. Esta es la herida que deja la violencia explícita y en su máxima manifestación, ya que esto genera patrones que, por lo general, se van reproduciendo.


Por el contrario, también puede generar patrones inconscientes que hacen que te embarques en dinámicas similares a las que te educaron al percibir que esto es normal y procesar que quienes te “aman” también te lastiman; no es casualidad que hayas tenido parejas violentas, que te golpean, te humillan o te invalidan, aunque esto también puede tener que ver con la herida anterior.


Traición

Se genera a partir de los 4 años en adelante, mientras que los padres mantienen actitudes abiertas y aprobatorias hacia las muestras de afecto del niño, reprimiendo y juzgando los comportamientos sexuales, por lo que esto es vivido por el niño desde la experiencia de que una parte suya no es bien vista, es mala, incómoda, sucia o inconveniente.


A raíz de esto, se crece con una incapacidad para conectarse emocionalmente y se tiene una tendencia a la perfección, una personalidad muy correcta que se inclina hacia el cumplimiento de las reglas. Así que si tú eres una persona que ha crecido con culpas, que ha reprimido o niega sus impulsos sexuales, e incluso obsesiva rallando en la búsqueda de la perfección, esta puede ser tu herida. Esto puede llevarte a sabotear algunas de tus relaciones para no profundizar en los sentimientos por creerlo inadecuado.

Todos y todas podemos tener ciertos rasgos de cada una o de varias, pero siempre hay una predominante en función de nuestra historia. Así que la próxima vez que te sientas rechazada, abandonada, sometida, humillada o traicionada, recuerda de donde viene esa situación que te está causando conflicto en la actualidad e intenta darle un giro a la experiencia presente, de modo que no la sigas reviviendo una y otra vez. Además, no te olvides de sentir las emociones que derivan de la vivencia y de ser gentil con esa niña herida que vive dentro de tí; cuídala, ayúdala a sanar, reconfórtala y hazla sentir tú misma como nunca la hicieron sentir, no la juzgues, ni la regañes. El camino a seguir para empezar a sanar estas heridas es a través de la reflexión, la introspección, el autoanálisis, el cuestionamiento y la psicoterapia.


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