• Sheila Rojas

Hoy he decido dejar de perseguirme


Aquí estoy, un 15 de agosto de 2021, en casa, después de una semana con COVID-19, pensando en tantas cosas a la vez y agradeciendo este tiempo que me dio la vida para parar y voltear a ver hacia adentro, misma que maldije hace algunos días cuando tuve que cambiar completamente mi vida y mi rutina para volcarme al servicio, al cuidado y no sólo de mí misma.


Llevo semanas, quizá meses, dándole vuelta a tantas cosas en mi cabeza, pensando hacia dónde voy y si lo que estoy haciendo ahora me llevará realmente a donde quiero. A veces con un poco de culpa que medio puedo manejar, pero con una ansiedad que a veces no reconozco en mí diciéndome que las cosas no andan tan bien.


Semanas pensando y maltratándome un poco pensando que tal vez no soy la persona de alto rendimiento y espiritual que me había convencido que era por no poder escalar un proyecto que es el sueño de mi vida porque me da miedo; pensando en que soy un fraude cuando ayudo a otras personas a encontrar su ser y sin poderme ayudar a mí misma. He estado ignorando mi parte humana y que aún necesito sanar, buscando soluciones inmediatas como quien pide una hamburguesa en un restaurante de comida rápida para quitarse el hambre, sin darme cuenta de que todo está dentro de mí.


Hoy, con aceptación y amor, agradezco a la vida este tiempo necesario para renovarme, por haberme obligado a hacerlo de esta forma, porque fue perfecta; no hubiera podido entenderlo de otra forma y pienso en que todo lo que pasó fue perfecto. A veces me pasa así; me sorprendo a mí misma haciendo cosas increíbles cuando estoy al límite, sacando mi diosa interna, reconociendo mi resiliencia para poder adaptarme y sobrevivir. Tal vez, si hace un año mi socio no me hubiera dado una patada y me hubiera hecho la vida imposible, yo no hubiera creído que podía levantar mi imperio de las cenizas yo sola y me hubiera quedado en el miedo; pero a veces, la vida te pone los medios y a personas heridas para darte cuenta de quién eres.


Pero, ¿por qué tiene que ser siempre en esas circunstancias?, ¿por qué hasta tener el agua hasta el cuello? Aún no he encontrado la respuesta, ni mucho menos la forma de hacerlo diferente y no sé qué voy a hacer después de salir del COVID. Me gustaría decir que saldré renovada, con respuestas, arrepentida de todo lo que no hice y aprovechando el tiempo, pero la vida es mucho más compleja que eso. Ni siquiera me voy a preocupar o a presionar por eso y, eso en sí, creo que es el verdadero aprendizaje.


Estos dos últimos años de mi vida me han costado y me han dolido mucho, pero te voy a confesar que lo he pasado sólo al estar en la búsqueda de mi propósito de vida y no me arrepiento de nada. No voy a sacrificar esto por vivir de forma ordinaria, como los demás esperan.


No sé si estoy lista para la vida que quiero, porque sé que tengo los medios, y me da tristeza decirlo porque lo he deseado durante mucho tiempo, pero para poder estarlo necesito aceptarlo y reconocerlo primero. Esto es lo que también quiero transmitirles a mis diosas; que no estar lista está bien, que tener miedo se vale, que parar es humano, que no siempre tienen que ser la diosa que siempre les he dicho que son, y eso, precisamente también es ser una diosa; quiero que lo sean de la manera más orgánica, más relajada, sin prisas, sin forzar nada. Quiero que tu proceso sea suave y doloroso a la vez, lento, pero a la vez seguro.


Ustedes también me enseñan demasiado sobre mí misma y no me da miedo aceptarlo, porque no soy realmente la autoridad que las redes sociales hacen parecer; eso es puro ego y quiero dejarlo atrás. Sólo soy una humana y no quiero ser más que eso. Quiero poder desaparecer y quebrarme de vez en cuando sin la presión de tener que seguir avanzando, porque a veces sólo quiero tener la experiencia de vivir.


Quiero estar en paz con mi progreso, sin tener que presionarme por más hasta llevarme al límite y sin tener que preocuparme por no hacerlo, porque estuve a punto de hacerlo, pero algo en mí me decía que las cosas no eran así, me resistía a pensar que así tenía que serlo. Quiero estar en paz con el camino que me falta y retomarlo en el momento en que se sienta natural, porque no tengo ninguna prisa y no le debo cuentas a nadie. Porque la experiencia de vivir el proceso es mucho más valiosa que cualquier resultado. Voy a ser lo libre que pensé que me sentiría en 2020 cuando comencé con esto y que irónicamente no llegó. Voy a hacer lo que yo quiera, cuando esté lista.


Sin duda este virus nos pega donde más nos duele, física y emocionalmente, sé que suena súper cursi y mi yo “realista” hace algunas semanas hubiera estado diciendo que esto suena demasiado choteado, pero en realidad nos deja ver nuestras carencias, nuestros conflictos, nuestras debilidades, nuestra soledad, nuestras partes que no han sanado y nos hace enfrentarlo, lo queramos, o no. Y ahora aquí está, dándome una cachetada con mi propia realidad, pero también me ayudó a ver a las personas que realmente están conmigo y me ha dejado ver más de ellas para saber que están ahí. Nada es casualidad; simplemente, nos deja ver lo que en realidad necesitamos.




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